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jueves, 2 de abril de 2015

[De Opinión] Critica al Seibo, mi pueblo (parte I)

Por / Luís Marte 
¿A que nos conduce la actualidad de El Seibo?. En los últimos tres lustros la dinámica económica -y no digo las bases porque estaría hablando de algo perdurable- se ha caracterizado por tres elementos: Las Bancas, las Cervezas y las Motocicletas.
Ninguna de estas, se puede decir que conducen por un camino de progreso, ni a un estado de desarrollo de una comunidad. Visto entonces desde ese punto, es fácil colegir que en el seibo hemos retrocedido, al menos en cuanto a lo que debe servir de cimiento a una economía con futuro. Y hemos retrocedido porque esta transformación en la forma de vida, dada por un cambio de los medios de vivencia económica, además de no satisfacer las exigencias de un estado organizado y garante, tampoco establece condiciones aceptables a los seres humanos, a favor de quienes se entiende el bienestar como el fin último y más elevado.
Volcarse hacia estas tres formas de vida, que reniega de las buenas costumbres y de la dignidad humana, ha sido provocada por la ausencia de otras y a la vez esas otras formas de vida tienen por base una deuda histórica de la que nadie es responsable y todos lo son y muchos son víctimas.
Se han negado las oportunidades y a modo de herencia indeseada, las nuevas generaciones, inocentes, se alimentan de esa cultura de atraso e ignorancia.
Decir que no se han dado las oportunidades, no es sinónimo de absolución para los actores de la nueva dinámica económica, tampoco es de forma absoluta una sentencia irrevocable para los responsables invisibles.
Los responsables invisibles que han adquirido esa condición gracias a la permisividad del medio en que pululan, es verdad, lo son por comisión pero también por omisión.
En esta parte de la omisión, entonces los actores se convierten en responsables por comisión; es decir se le han negado importantes oportunidades a los actores de la nueva dinámica económica –que en este caso es tanto por omisión y por comisión-, pero también las oportunidades que la sencilla pero premeditada, pero a veces también inconsciente omisión de los responsables invisibles han dejado a opción de los actores, no han sido aprovechadas.
En gran medida tenemos que decirlo, asidos a la posición de tolerancia, ellos no han sido del todo culpables de establecerse como motociclistas, bebedores de cervezas y jugadores o vendedores de ilusiones (bancas de rifa).
En el umbral de estos vicios y de este servicio apareció un estado, que incapaz, que sumergido en el lodo de la corrupción concebida esta por las apetencias de los responsables invisibles, se convirtió en improvisador y perdió las calidades morales que le otorgaban la facultad de respetar y hacer respetar las reglas.
A través del tiempo los hacedores de la debacle, los protagonistas –beneficiarios ellos y otros-, fabricantes de decepciones y de la incertidumbre presente han tenido siempre una justificación para sus obras macabras.
Los españoles que pisaron esta isla, para ellos los indígenas eran unos pobres salvajes y estos y sus descendientes deben agradecer el “descubrimiento”, descubrimiento de la crueldad y el robo, la conversión y el avance en el mundo de la maldad.
Los sucesores, los pobres sucesores hay que entenderlos, porque ellos son seres traumatizados que valiéndose de esa miseria que genera otra miseria, tratan de justificar todas sus acciones cargadas de odio.
Para Lilís, Trujillo, Balaguer y otros tantos, todos tienen que ser sus víctimas y hay que entenderlos, porque sus víctimas no tienen el mas mínimo derecho de, siendo víctima de las mismas circunstancias en la que estos nacieron y se criaron, actuar de la misma forma solo porque en sus adentros se anida un principio de respeto por la humanidad y otro concepto de cómo cobrar ese daño que la sociedad le ha provocado.
La sociedad no es nadie, cada una de sus partes son seres humanos, pero en su conjunto se vuelve un algo sin responsabilidad ni domicilio, todos somos y ninguno somos.
El pobre Trujillo, hay que perdonarle todo, porque fue excluido socialmente. De millones de almas es la única que tuvo tal desdicha. A los tantos que han muerto hay que pedirles que regresen como fantasmas a cobrar esa deuda que no se les pagó en vida. ¿Cuántas malditas mentiras se manejan como instrumento de justificación de todo?.
Tenemos que perdonarnos todos y perdonarlo todo desde este punto de vista y entonces convertir la sociedad en mundo de perdonados, donde nada ni nadie peca ni delinque, porque todo es aceptado.
Continuará...
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