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viernes, 11 de septiembre de 2015

Bibliotecas y calidad educativa en República Dominicana

Por / 
diomedesnp[@]gmail.com 
La calidad educativa ha sido una permanente aspiración de los gobiernos y la sociedad en general de nuestro país y otras latitudes del mundo. Pero no siempre se consigue. Esa situación estará determinada por diversos factores, entre ellos la capacidad de llevar a cabo acuerdos y consensos entre distintos sectores, especialmente en el área política.
En el caso dominicano, los esfuerzos formales empiezan a finales del siglo pasado, con los Planes Decenales para la función educativa, y continúan en el XXI con los Objetivos del Milenio, el Foro Presidencial por la Excelencia de la Educación Dominicana, las Metas Educativas 2021, el Compromiso Político y Social por una Educación de Calidad y la Iniciativa Dominicana por una Educación de Calidad. En varios de esos significativos esfuerzos, se hacían planes y programas en los niveles primario, secundario y universitario, incluyendo el técnico-vocacional.

Pero el más trascendental proyecto por la calidad de ese sector lo constituye el Pacto Nacional para la Reforma Educativa en la República Dominicana, firmado en el Palacio Nacional por todos los actores del proceso educativo y de la sociedad en general, el 1 de abril de 2014.
Esos sectores habían llevado a cabo largas y laboriosas jornadas de estudio y discusión, desde que el presidente de la República, licenciado Danilo Medina Sánchez, los convocó mediante el Decreto 228-13, del 13 de agosto de 2013. El Consejo Económico y Social coordinó esos trabajos, con la participación operativa de los ministerios de la Presidencia y Economía, Planificación y Desarrollo, para la elaboración de los compromisos de Estado y de la nación dominicana sobre la reforma educativa, como establece el mandato de la Estrategia Nacional de Desarrolló 2012-2030. Además de este pacto, figuran el fiscal y el eléctrico, este último en proceso de realización.
La propia Constitución dominicana de 2010, en su Artículo 63, establece: Toda persona tiene derecho a una educación integral, de calidad, permanente, en igualdad de condiciones y oportunidades, sin más limitaciones que las derivadas de sus aptitudes, vocación y aspiraciones. En consecuencia: 1) La educación tiene por objeto la formación integral del ser humano a lo largo de toda su vida y debe orientarse hacia el desarrollo de su potencial creativo y de sus valores éticos. Busca el acceso al conocimiento, a la ciencia, a la técnica y a los demás bienes y valores de la cultura;… ”.
En esa dirección, uno de los considerandos del Pacto por la Reforma Educativa expresa que ”la pertinencia de la educación, en todos sus niveles, descansa en aquellos contenidos curriculares capaces de dotar a las personas de las competencias necesarias para enfrentar los desafíos del mundo actual, de construir ciudadanía plena para convivir en sociedad y de atender las necesidades del desarrollo social, económico, científico, tecnológico y cultural del país, en consonancia con la Estrategia Nacional de Desarrollo.”
Otro considerando “reconoce que, entre otros factores, la calidad profesional, la fortaleza moral, la dignificación y la entrega de los educadores juegan un rol clave en la calidad de la educación. Por tanto, la formación profesional y pedagógica, inicial y continuada de los docentes es fundamental para transformar el desempeño y la calidad de la educación dominicana”.
Entre tantos puntos luminosos de ese pacto, destacamos los referidos al rol de las bibliotecas en el proceso enseñanza-aprendizaje y en la educación no formal. Veamos el compromiso 4.2.7:
“Asegurar que cada centro educativo disponga de bibliotecas escolares y de aulas, así como de espacios y centros de recursos para el aprendizaje adaptados a los diferentes niveles educativos y a las condiciones especiales de las y los estudiantes. Igualmente, propiciar que docentes y estudiantes hagan un uso efectivo de los recursos disponibles en la escuela y en la comunidad ”.

Y el compromiso 4.2.8 dice: “Fortalecer la red nacional de bibliotecas públicas, dotándolas de recursos de información pertinentes, en diversos formatos y soportes que contribuyan a los aprendizajes a lo largo de toda la vida, la investigación y el fomento de la lectura”.
Nunca antes había sido reconocido el papel de las bibliotecas en la enseñanza y en la educación no formal, de manera explícita, como en el pacto educativo actual. Ni siquiera en la Estrategia Nacional de Desarrollo se le consigna con la claridad y precisión necesarios, si se toma en cuenta que los contenidos, la sustancia cultural, que constituyen el insumo natural del proceso enseñanza-aprendizaje, está en los libros, en cualesquiera de sus soportes y formatos.

De: www.hoy.com.do

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