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domingo, 22 de enero de 2017

Ciudadanos indignados marchan por fin de corrupción e impunidad

De: Hoy
Los motivos para miles de ciudadanos marchar ayer fueron los mismos: el inicio del despertar de un pueblo que está hastiado de la corrupción y de la impunidad a las que, dicen, hay que ponerles fin para que el dinero que la gente paga en impuestos y que se les “roba” pueda ser devuelto a la población en servicios de calidad y eficientes.
El escándalo internacional de los sobornos de la empresa brasileña Odebrecht le puso la tapa al pomo y ha sido la semilla que germinó para la articulación de la manifestación que tuvo como punto de partida la intersección de las avenidas 27 de Febrero y Máximo Gómez.

Más de 150 organizaciones sociales estuvieron representadas en la marcha que concluyó en el Parque Independencia con un acto cultural.

De distintas formas reclamaron la entrega al erario público de los fondos del Estado que han sido sustraídos de manera ilícita y de manera particular los US$92 millones en sobornos a funcionarios y exservidores públicos desde el 2001 a la fecha, cuando la Odebrecht inició su presencia en el país. Además pidieron la devolución del dinero producto de la sobrevaluación de obras por esa empresa brasileña.

También exigieron que haya imparcialidad en la justicia para que se lleve a la cárcel a los corruptos, más seguridad ciudadana y el respeto de los derechos sociales y económicos de la población.
Cuando se le preguntó a varios de los asistentes a la marcha “por el fin de la corrupción y la impunidad” de distintos estratos sociales y edades, declararon que esa manifestación era el inicio para la recuperación de la dignidad de la gente y la conciencia ciudadana para sacar de la administración del Estado y llevar a las cárceles a los corruptos pasados y presentes.

La marcha se desarrolló sin mayores percances, en total orden y seguridad. En el recorrido de varios kilómetros, desde la intersección de las avenidas 27 de Febrero y Máximo Gómez hasta el parque Independencia, se resaltó la presencia de muchos jóvenes y personas pertenecientes a la clase media.
Los asistentes llegaron a pie, en vehículos de motor y bicicletas, con atuendos de color verde, 

vociferando decenas de consignas alusivas al cese de la corrupción y la impunidad en el país, castigo con cárcel para sobornadores y sobornados por la empresa Odebrecht, la anulación de los contratos de la empresa brasileña y la creación de una comisión de la verdad, entre otros.
Los ciudadanos, que llegaron al punto de salida desde distintos lugares del país, iniciaron la caminata a las 10:20 de la mañana, doblando 40 minutos después por la calle 30 de Marzo.
Previo a llegar a ese lugar decenas de los que marcharon se confundieron con la ruta y exigían a policías y militares que fueron apostados con vallas protectoras en la avenida Delgado, que los dejaran pasar. Sin embargo, reconocieron luego que la ruta establecida no era por ahí.

Brunilda Amaral recordaba. A las 11:00 de la mañana la multitud comenzó a doblar por la avenida 30 de Marzo, deteniéndose brevemente en la cercanía del Palacio Nacional.

Allí se observó mirando hacia la Casa de Gobierno a una mujer en silla de ruedas. Era Brunilda Amaral, víctima el 9 de febrero de 1966 del ametrallamiento, en los jardines del Palacio Nacional, a estudiantes de la Universidad Autónoma de Santo Domingo y el bachillerato que reclamaban el medio millón para la UASD. En ese nefasto acontecimiento perdieron la vida varios jóvenes, entre ellos Altagracia Amelia Ricart Calventi.

Hubo varios heridos y Brunilda Amaral Oviedo, a consecuencia de los impactos de balas que recibió, entre otras secuelas, quedó con discapacidad en ambas piernas.
Escribió el libro “Ni mártir, ni heroína; una mujer decidida”, en el que narra los momentos vividos por ella en ese lamentable hecho.

“Yo luché en esa época por la UASD, luché por la salida del país de las tropas de Estados Unidos. Yo lucho contra de las injusticias, por el cese de la impunidad. Mi generación luchó para que las cosas sean de otra manera y mira cómo hemos llegado a estos niveles de criminalidad, aquí la vida no vale nada, que cesen los feminicidios. Yo aspiro que mis últimos años que me quedan vivir en paz y en tranquilidad y para eso deben de cesar la impunidad y la corrupción”.

Abinader marcha con familia. El excandidato presidencial del Partido Revolucionario Moderno, Luis Abinader, participó de la marcha junto con su esposa Raquel Arbaje, su padre José Rafael Abinader y otros familiares.

Expuso que la masiva demostración marca un antes y un después en lo relativo a la corrupción y la impunidad.

Declaró que marchaba como un ciudadano más, interesado en que los recursos públicos sean invertidos en atender las necesidades que afectan la calidad de vida de la gente.

Corrupción ocasiona daño. A la pregunta de por qué marchaba Juany Vásquez, con 18 años, respondió “contra la corrupción, por todo el robo de los funcionarios, por las injusticias y todo lo que el daño que estas ocasionan al pueblo”. Estaba junto con sus padres, comerciante y publicista. El es estudiante de Publicidad.

“Yo marcho contra la impunidad, los robos, porque no hay una justicia que se haga cargo de ajusticiar a los que hagan lo mal hecho. Los jóvenes no tienen esperanza porque no le estamos dejando nada. El pueblo está empoderado. Hay un refrán que dice que cuando los rebaños se unen el león se muere de hambre”, declaró por su lado Cristian Garrido, ingeniero y empresario, con 43 años.
Motivado por esas razones llegó desde Punta Cana para marchar junto a su madre, su esposa y otros familiares.

“Los corruptos para la cárcel”, dijo en alta voz Secundino Ortiz, quien se identificó del PRM, con 82 años. Se trasladó desde La Romana “para atacar a los ladrones, somos pobres por eso”.

En tanto, Santa García con 56 años, dice que le motivó marchar a pie por la corrupción que evita escuelas, salud y seguridad ciudadana.

“No podemos permitir que los corruptos se sigan llevando el bienestar de nosotros que pagamos los impuestos con los cuales se hacen millonarios. No hay trabajo, no hay salud, no hay educación”.
Angel Manuel Santos Puente es alguacil, con 75 años, y dijo que hizo todo el recorrido de la marcha. Acudió a la actividad motivado por un abuso judicial y de poder en su contra.

Proclama. Durante la actividad de cierre los organizadores de la marcha agradecieron a los participantes por protagonizar la demostración de poder cívico más contundente de los últimos años en el país y por la dignidad y el orden que caracterizó todo el recorrido de la marcha.

El encuentro finalizó con una proclama colectiva en la que los participantes alzaron sus voces al unísono para jurar que mantendrán “una lucha cívica, ejemplar y permanente hasta que se aplique justicia a los políticos corruptos” y declararon ese momento como el inicio del fin de la impunidad.
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